Pues si gente, ya toy otra vez en Madrid, desde el lunes y tras una semanita larga de relax por Cieza aderezada por una nochecica en las fiestas de Molina.
La verdad es que uno se hace a la idea y, tras la depresión post-erasmus inicial, no tiene tan mala pinta la vuelta: vida de estudiante, quedar con la peñica que hace tiempo que no veo y esas cosas…
Ayer sin ir mas lejos, quedamos unos cuantos luleanos (Santi Chamorrow, Paco y sus respectivas, Santi P., Teresa, Rachel y un servidor) y ahí estuvimos metiéndonos unas sidras entre pecho y espalda en uno de esos famosos sitios en los que pagas y te dan un vaso y hasta que caigas o cierren, es bueno saber que existen porque es la primera vez que voy en 4 años en Madrid…
Estuvo wapo, pero la velada me dejo un sabor agridulce… la parte de agrio (mas bien ácido) la puso la sidra, ahí andábamos todos salivando en un esfuerzo de nuestro cuerpo por contrarrestar la movida (que era como morder un limón), aun así los menos responsables nos tomamos unas cuantas que a partir del tercer vaso no se notaba tanto.
Total, unas charlas nostálgicas y graciosas, un pelín de pedete y pa casa, que cerraba el bar…
A la vuelta un episodio surrealista de esos que solo pasan en el ultimo o el primer metro y, mas concretamente, en el que se me ocurre subirme a mi: un tío estilo Carl Winslow ciego como un gatete gritándole a la peña que eran catetos porque se masturbaban en el colegio… vivir para ver, no tuve mas remedio que descojonarme, lo cual suavizo un poco el ambiente (y menos mal porque había alguno quemao)… hasta se echan de menos estas cosas.
Ala, saludos

